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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Comienza el rodaje

Mañana comenzamos con el rodaje del cortometraje "Como el cristal". Estamos teniendo muy buena acogida, tanto en los medios de comunicación, como con las autoridades.

Desde este blog iremos dando más datos y subiendo alguna cosilla. Para eso, creamos la etiqueta "Como el cristal".

sábado, 20 de agosto de 2011

Estarás cantandole a los ángeles...

Estarás cantandole a los ángeles... Y éstos, sin poder dejar de escucharte, caerán enchidos de sana envidia a tus pies. Mientras yo, creo escuchar los acordes hilados de nostalgia, enredados a la incredulidad de lo que es capaz de robar un segundo.

De tu boca saldrán las notas áureas, cargadas de divina perfección... Sin espadas de Damocles que atenacen tu garganta... Sin miedos negros que vistan de lágrimas tus noches... Sin tempestades que tricen las velas de tu libertad... Sin estrépitosos gritos... Solo las notas de tu garganta y el coro de ángeles. Solo tú y lo que eres, lo que no has dejado de ser.

Mientras, a mi, se me seguirá erizando la piel de la espalda cada vez que escuche una canción que te oí cantar... Se seguirá tejiendo el nudo que llena mi garganta de tristeza cada vez que pronuncio tu nombre... Cada vez que un recuerdo oportuno, en el momento mas inoportuno, me asalta los pensamientos y te revive con tal fuerza, que he de pellizcarme para cerciorarme de que solo sueño... De que ya no estás.

Yo sigo aqui. Tratando de apartar los por qués traicioneros, cuya mordedura infecta el veneno de la culpabilidad. De la falsa culpabilidad, pues todos somos testigos, jueces y parte. Ninguna de las preguntas... Ninguna de las dudas... Ningún lamento, lágrima o gota de sangre te va a devolver al mundo del que escapaste. Quizá sea mejor así. Quizá tu misión en la existencia, sea cantar en un coro de ángeles, ajena al dolor que este mundo te causó. Habiendo olvidado cualquier agravio productor de lágrimas y cenizas.

A veces me parece oirte aún... Con tu voz cantarina y risueña... Traición de un subconsciente que no perdona... Imagen onírica de un "quiero" que ya nunca será. Pero, el caso, es que aún me parece escucharte. Riendo. No quiero recordarte de otro modo. Solo tu risa y tu canción. ¿Lo demás? tan solo producto de unas circunstancias que jamás debías haber vivido.

Tu sigue cantando, más allá del tiempo o el espacio, que yo seguiré honrrando tu memoria a través del recuerdo de tu risa.

lunes, 8 de agosto de 2011

¿Autoretrato?

Fotografia: Cristina Martinez
Modelos: Juan José Denia y Amparo Reina


Tiempos pasados


Fotografia: Cristina Martínez
Modelos: Juan Jose Denia y Amparo Reina

"Incluso en estos tiempos,
veloces como un cadillac sin frenos...
Todos los días tienen ese instante,
en que me jugaría la primavera 
por tenerte delante"
J. Sabina

domingo, 26 de junio de 2011

Las lágrimas


Las lágrimas me anudan la garganta
cada vez que trato de pronunciar tu nombre...
Como un látigo de fuego y hiel
que, incendiándolo todo, mis venas recorre.

Las estrellas mudas,
la luna vestida de noche,
el rayo que parte en dos
un alma que ansía alcanzarte,
aferrarte la mano
y no volver a soltarte.
Incierta es la vida
que tanto dolor esconde
en la esquina mas inesperada...
Para partirte en dos la piel del alma.


¡Que detengan los cantos sacros!
¡No quiero más música fúnebre!
No por rodear de negro mis brazos
voy a sentir más tu pérdida...

Y te recuerdo, cada tarde...
Y te revivo, cada día...

Siento el dolor de lo injusto
lacerar cada una de mis heridas...
Busco un consuelo a tanta ausencia
y no encuentro más que preguntas...
Más que dudas, parches y remiendos...
Pero ninguna respuesta
cargada con un ápice de aliento.

Y cada vez que te nombro,
la sal de una lágrima me quema el alma
y por mucho que me duelan los ojos,
de la carga de tristeza que has dejado,
mi pluma se oxida y envilece
cualquier intento de convertir
en tu adorada proporción aúrea,
los versos que mi mano
temblorosa te escribe.

martes, 21 de junio de 2011

Vivirás en el mundo de los sueños

He tratado de escribirte la elegía más desgarradora de todas... Herir con mi pluma el aire que ya no respiras... Hacer sangrar la noche ingrata que me desvela, con la furia contenida de las palabras que vomito, sin sentido, sin significado, sin ganas... Usar la proporción áurea que tú me enseñaste... De la que tanto hablamos, en aquella tetería... De la que me llegaste a contagiar tu fascinación por un número...

Escribir los versos áureos y regalartelos envueltos en el manto de mi nostalgia... Pero no puedo...

¡Malditas musas silenciosas!

Maldigo al rayo que partió en dos la noche, en un grito sordo y ciego... Maldigo a la distancia... A las dos distancias... A la que se puede medir y a la que creamos

tu y yo, malpensando que tendríamos todo el tiempo del mundo para solucionar lo que siempre había tenido solución...

Maldigo al viento que no te abrazó con sus manos férreas... Maldigo a las estrellas, testigos silenciosos, de una noche negra... Más negra que cualquiera.

Maldigo los impulsos incontrolables y el frío gélido de las palabras que te asesinan las entrañas... ¡Malditos seais por siempre!

Maldigo el orgullo y los malos entendidos y las palabras vacías de sentimiento y las navajas afiladas que laceran los oídos y los puntos débiles y el pensar en lo dicho, después de haberlo escupido, y esta guerra en la que jamás ha habido ganadores. Todos jueces y parte. Todos testigos. Todos cómplices.

Entonces lloro. Lloro a solas... A veces, en mi habitación, mientras miro las fotografías de los lugares en donde he estado, y aquella promesa muerta de hacer un viaje

juntas... Otras veces, en la calle, cuando los rayos del sol tocan mi cara y pienso que ya no calientan tu rostro.

¡Maldita sea la parca y su lista sin avisos!

Otras veces lloro, cuando una canción se alía con un recuerdo y viene a arañarme... Cuando, esa misma canción, me parece estar cantada con tu voz... Aquella que me podría pasar horas muertas escuchando sin cansarme, como si de un regalo de los mismos ángeles se tratase... Otras, simplemente lloro sola. No necesito llorar delante de nadie para compartir mi dolor. No necesito grandes actos, ni lutos, ni crisantemos, ni iglesias, ni misas, ni curas... Una procesión macabra que va en mi interior y que nadie conoce. Solo tú. Porque estás en mi, en mi corazón.

Entonces me enfado.

Me enfado contigo y siento una ira terrible. Contra ti y contra el mundo. Contra el tiempo que siempre decide jugar en nuestra contra... Pero no es real, es tan solo, la impotencia del que ya no puede hacer nada, más que conservar los buenos recuerdos.

Entonces sonrío.

Recuerdo que lo habíamos hablado, que ninguna de nosotras queríamos lágrimas en nuestro funeral. Queríamos una fiesta. Con cerveza... Con mucha cerveza... Con bailes... Con alegría... Con camisas de flores y guirnaldas. Con música celta.

Recuerdo cuando éramos pequeñas. Que fácil y simple era todo, cuando la inocencia era el pan nuestro de cada día. Recuerdo tu cara la primera vez que viste el mar. Yo estaba a tu lado, en el banco de piedra. Un momento único de tu vida que compartiste conmigo. Recuerdo aquellos ojos contagiados de azul, vibrar ante lo nuevo... Ante la belleza del Mediterráneo.

Recuerdo nuestras largas conversaciones en la cama... Hablando casi en susurros para que nadie nos interrumpiese, obligándonos a dormir... Recuerdo la mayoría de aquellos secretos que me contaste. Recuerdo cuando hablabas en sueños y podía hasta participar en ellos si te seguía la conversación... Recuerdo cuando Thor era un elefante y nadábamos en un estanque... Allí siempre estarás viva, Mayte, en el mundo de los sueños. Y serás feliz. Tan feliz como antaño, como nunca debiste dejar de serlo.

Y lloro de nuevo. Sabiendo que ninguna de mis lágrimas te devolverá la luz.

Tu cuerpo está muerto. Pero siempre permanecerás viva en mi, en mis recuerdos... En mi cabeza, mi corazón y mi alma... Porque yo los evocaré para que no se borren jamás.

Y, si existe una vida después de esta, nos volveremos a encontrar. Allí será donde te de el abrazo que jamás debí dejarte de dar.